Por José Heraclio Ramírez Vargas.
-Esta historia comenzó el 11 de septiembre del año 2001. Las calles amanecieron infestadas de anfibios y reptiles de sangre fría y dos patas. Más tarde, llegó a categoría de invasión, ya que se tomaron sitios icónicos en la ciudad, incluidos los aeropuertos.
-El factor sorpresa logró que de la invasión se pasara al caos. Los reptiles, con sus alas postizas, se estrellaron con dos torres gemelas, donde las quemaron junto con sus protervas intenciones. Su sangre fría hirvió en las antorchas encendidas por ellos.
-Este suceso logró contaminar a los seres de sangre caliente que, con su inmutable frialdad, bien se pueden categorizar dentro de lo reptil y rastrero.
-A partir de aquí, la venganza, el rencor y la ira parecen haberse apoderado del amor, el servicio y el perdón.
-Este hecho irracional, emocionalmente, clasifica al hombre peor que un animal, porque ellos, por instinto, son más genuinos. Desde ese fatídico momento, se han ido construyendo cadenas cuyos eslabones representan errores, horrores, malas decisiones e intenciones que se deben pagar por ignorar el boomerang natural de la vida.
-El primer eslabón es el desplome del orgullo, la economía y el poder.
-El segundo es el luto, el llanto y el dolor. El tercer eslabón, la reacción, la acción y las consecuencias, que son la trilogía que encarna el ojo por ojo, el diente por diente, hasta lograr el objetivo del que reza y peca, empata.
-A partir del cuarto y de ahí en adelante, podemos enlazar eslabones que representen con eficacia pasos claros a través de nuestra historia.
-Este texto queda con un final abierto. No soy el único artesano con eslabones para entrelazarlos a esta cadena, mucho menos para finalizar este cuento.
-Quiero ver al próximo artesano eslabonar la cadena universal sin enredarnos en ella. ¡Anímense!
-Con el silencio como excusa, sigo entrelazando esta cadena yerta, inspirado en la sangre fría que corre por nuestras venas, como evitando que el corazón se convierta en la nevera de nuestra fría manera de actuar.
–Cuarto eslabón: Sin importar que paguen justos por pecadores, los ataques empezaron en retaliación, sin medir consecuencias como la contaminación, recalentamiento global y efecto invernadero, que minimizan la calidad de vida en el planeta.
–Quinto eslabón: Por no usar los dones que Dios nos dio, menos aún seguir las enseñanzas y ejemplos de la naturaleza, nosotros y nuestros descendientes, sin importar la edad, la raza, la religión y la política, renunciamos a vivir dignamente.
–Sexto eslabón: No conocemos el espacio que ocupamos y pretendemos conquistar satélites, planetas y estrellas lejanas y cercanas a costa de nuestra misma destrucción.
–Séptimo eslabón: El reacomodamiento de las placas tectónicas conlleva terremotos, sismos, temblores, tsunamis y otros desastres naturales que pudiéramos minimizar si no los atribuyéramos a castigos divinos o al cumplimiento del Apocalipsis en la Biblia y reconociéramos la negligencia y la incompetencia de cuidar nuestro propio pellejo.
–Octavo eslabón: Cubre las pandemias, epidemias y nuevas enfermedades causadas por las plagas de roedores e insectos y lugares insalubres, focos de las mismas, capaces de llevarnos a la extinción.
–Noveno eslabón: Representa la pérdida de valores morales y espirituales que socavan los cimientos personales, familiares y sociales, tan necesarios para nuestro desarrollo.
–Décimo eslabón: El servicio sustituido por la indiferencia, el amor por el engaño, la verdad por la mentira. ¡Sepulcros vivientes! Sin aportar al presente, ilusos esperando al futuro, con una corona de laureles, sin notar que es la soga que nos pusimos al cuello.
–Eslabón once: ¡Está caliente! Es la solidaridad, las respuestas positivas ante la adversidad, que sacan lo mejor de nosotros y ver que la unión hace la fuerza y la fuerza que logra los más increíbles e insospechados resultados ante los desastres.
–Eslabón doce: Atrapa los estupefacientes, drogas y alucinógenos, porque no aportan nada bueno y, si por el contrario, degrada y hace daño a la humanidad.
-El texto sigue con final abierto, por saecula saeculorum, por llegar eslabones de todas partes, incluidos los tuyos, que extienden la cadena o ponen fin a este cuento.
–Eslabón trece o Gloria Amparo: Nuestra mala memoria hace que la historia se repita indefinidamente en lo personal, familiar y social. Lo importante es que, como la flor de loto, flotemos en el lodazal, tomando del sol sus mejores rayos.
-Como reflexiona Mariana León: ¡Qué difícil es para nosotros borrón y cuenta nueva! Nuestra memoria es una cadena perpetua de eslabones, de recuerdos que nos atan al pasado. Loros viejos que no aprendimos a hablar, pero sí a imitar y a arremedar, echando sal y hurgando la misma herida.
-Es hora de parar y, cuando nos enfrentemos a un nuevo eslabón, busquémosle la parte positiva y eliminemos la negativa antes de que nos envuelva en esa mala energía.
Nota: El texto Sangre fría nació de una idea de José Heraclio Ramírez Vargas, quien propuso el tema y comenzó a desarrollarlo. Más adelante, dos compañeras del grupo Artesanos de las Palabras lo apoyaron.