Por Gladys Patricia Montoya Cano.
¡Ole, qué haces por aquí! Yo voy caminando hacia mi destino y me encuentro con una “Y”. Dudo, miro bien y pienso: ¿cuál es mi camino y cuál es el tuyo? Porque claramente no es el mismo para ti que para mí, tú vas hacia el no retorno y yo todavía estoy en la vuelta del sol.
Pero qué bueno que nos encontramos, querida Martica. Desde que eras compañera de mi hermana en el bachillerato, siempre nos brindaste momentos de alegría. Tú eras la chispa, porque la verdad mi familia era y es medio “aguaveda” y, mejor dicho, “apachurrados”, y vos, con ese ánimo desbordante, llegabas y, de la nada, armabas una velada familiar llena de risas y de encanto. Pero cuando la fiesta era planeada, como los cumpleaños, vos hacías esos tomates rellenos que hoy no encuentro en ninguna parte. Es un recuerdo que me dejaste en el paladar.
Varias veces te lo dije, Martica, antes de que partieras al infinito, primero lo mucho que te quiero, porque en mi corazón aún estás viva, y te dije una y mil veces: ¡gracias! Por el amor que nos brindaste, en especial a mi mamá, que adoptaste como madre tuya. Sí… la naturaleza te dotó de una madre… un poco vacía, otro poco parca e incluso cruel. ¿Recuerdas que nos contabas que cuando estabas estudiando te mandaba a los coñasos a conseguir novio? ¡Qué señora!
Sin embargo, nunca perdiste la sonrisa y amabilidad. Con tu profesión de enfermera aliviaste más de un malestar y nos pegaste más de un chuzón en la nalga, me tocó y todavía me duele, ¡es el colmo! Te dije que pasito y vos me enterraste esa aguja hasta las entrañas más profundas. Yo te miré… si las miradas mataran, desde ese entonces estarías en el infinito.
Hay recuerdos por doquier, ¿esa porcelana de dama antigua? Se la regalaste a mi mamá, y ¿esa lámpara Baccarat? Se la regalaste a mi mamá, y ese reloj de pared, aunque se atrasa un poco, todavía sirve, es que han pasado algunos añitos! Y ¿esos aretes artesanales? Me los regalaste y los cuido muchísimo porque salieron de tus manos. En fin, Martica, ya no estás, pero sí estás, porque sembraste y creaste recuerdos inolvidables, pronto nos veremos, Martica, solo partiste un poco antes, para allá vamos todos, prepáranos unos tomaticos rellenos, bien sabrositos, de bienvenida!
Tu hermana del alma,
Gladys