Entre lo mucho y lo poco.

Vicente Javier Giraldo.

Todo nos fue dado junto;

lo poco, lo mucho, todo.
A los pocos, demasiado; y a los demás, lo de todos.

Pero nos dieron vivir y, en la lucha, nos forjamos
hasta encontrar algún rumbo;
y, aferrándonos a él, lo seguimos y triunfamos.
Y no cesa nuestra idea de mejorar nuestro entorno,
alejando el egoísmo y, en el amor, encontrarnos.

Habíamos elegido
aquello que nos llenaba;
pero en ello venía de todo:
lo mucho, lo poco o nada.

Así llegó la alegría de los momentos en casa,
ese calor especial donde el sosiego y el descanso
hacen brillar la esperanza;
o el desconcierto y el frío, cuando no es claro el momento
y escasean los recursos y se aleja la abundancia.

Y las mañanas sonrientes, los días con sol de fuego,
junto a las tardes oscuras y el frío, oscuro y lerdo.

Todo vino así, revuelto, como llegan los recuerdos:
con un tono de sonrisas
o soledades y esfuerzos.

A medida que vivimos, nos gastamos y luchamos;
nuestro esfuerzo se convierte en certezas y sustento.

Como vemos, es bien claro
que, en todo este falso esquema,
vamos ganando lo nuestro;
y del todo que nos dieron, si nos juntamos los menos,
quizás logremos que todos se unan a nuestro esfuerzo
y tal vez hasta logremos volver uno ese gran todo
y todos lo disfrutemos.

La historia de la vida es un recuento de momentos dichosos
y de otros no tan buenos, según como los veamos.
Lo que para unos es simple, para otros lo es menos;
y todo tiene en sí una cara dichosa
y, al anverso, una perversa.

Cuando miro los actos y los tiempos ya vividos
y analizo lo hecho, donde pensaba que hubo error,
descubro muchas veces que, para mi momento actual,
aquello se ve más como un paso anterior
al encuentro del éxito.

Y, como todo sucede,
a veces los aciertos trajeron confusiones,
desfigurando el gusto
o la certeza del acontecimiento.

Y ¿entonces?
Es mejor permitir que siempre la verdad y el empeño
vayan iniciando aquello que planeamos y queremos.