Dos mundos

Por Jesús Alfredo Pabón Pérez.

En una remota zona de un pequeño universo, Julián caminaba solo por las atestadas calles de la gran ciudad de Osiris, se sentía pleno, cumplidor de su deber, nada se escapaba de su control en el Comando de Seguridad.

Julián tenía una característica, en su mundo cuidaba a su prójimo y como toda persona normal, tenía sus días malos, en esos momentos le entraba la duda sobre su existencia, ya que le llegaban imágenes que no recordaba haber vivido, pero algunas le resultaban familiares, por esta razón, estuvo aislado durante varios días, pensando en esas visiones, no podía conciliar el sueño al no saber que pasaba con él.

Mientras en Osiris Julián tenía esas sensaciones, en el cuarto planeta de un distante sistema solar, existía un personaje que era sometido a toda clase de burlas, por su corta estatura y su problema para expresarse; tenía una vida llena de miseria; tal era su situación que él mismo decía:

  • Hasta mi nombre es simplón, Juan… Solo Juan y nada más que Juan.

Su día a día lo pasaba trabajando como obrero en una compañía constructora, en sus descansos, soñaba con ser tan solo él, una persona normal. Siempre pensaba en sus penosos días, uno tras otro… tras otro.

En sus solitarias noches, le gustaba soñar despierto y en esos momentos, sentía la necesidad de ser alguien en el vecindario, con estos pensamientos en su cabeza, el sueño lo vencía y quedaba profundamente dormido.

Al día siguiente, el despertador le recordaba que tenía otro día de trabajo, su rutinaria vida, siempre igual. Aun así, se sentía optimista sobre su situación y pensaba para sí:

—Algún día mi vida cambiará lo presiento.

Y salía con destino a la obra.

En una noche de verano, por cierto, mientras dormía se vio a sí mismo, en su sueño, parado frente a la pared de su cuarto, sentía que su cuerpo no pesaba nada, le entró curiosidad de seguir observando su espacio y giró sobre sí mismo, encontrándose frente a frente con su cuerpo acostado en la que reconoció como su cama.

La sorpresa fue tal, que por todo el vecindario se escuchó un grito:

—¡Soy yo!

Momento en que despertó empapado en sudor, logró tranquilizarse un poco, pensó en su sueño… Un vecino, de los pocos amigos o conocidos por Juan, golpeó en la puerta preguntando:

—Juan, ¿Estás bien?

—Si, —respondió Juan— fue solo una pesadilla

En Osiris Julián despertaba sobresaltado. Estaba inquieto tratando de recordar algo que le diera alguna respuesta para calmar sus inquietudes. Se vistió lentamente y se dirigió al Comando, donde se habían reportado muchos casos de abuso a personas solas por parte de un nuevo grupo delictivo.

Con su subalterno de confianza Augustus, iniciaron las primeras pesquisas, alejándolo por el momento de sus inquietantes pensamientos. Comprobaron que el conflicto había comenzado con el inicio de la nueva obra y se estaba generando una disputa por el control del territorio entre bandas rivales

Juan pasó el día en la obra pensando en su sueño y esa noche cerró sus ojos para recrear lo soñado, no quería dormirse por temor a verse tirado sobre la cama, pasó la noche en vela, las noches siguientes estuvo muy inquieto; dormía poco y, para su alivio, los sueños parecían volver a la trivialidad de siempre. Otra de tantas noches mientras dormía, sintió que podía levantarse de su cama y volvió a encontrarse viendo la misma pared de aquella temerosa noche, con una mezcla de temor y curiosidad decidió girarse lentamente y efectivamente, se vio muy tranquilo allí acostado, sintió que su cuerpo no pesaba, le costaba caminar, pero decidió salir del cuarto, quiso abrir la puerta, pero no logró agarrar la perilla de la chapa, su mano la atravesó, entonces sonrió por primera vez en mucho tiempo. El miedo ya no estaba en él, no se asustó al no poder tocar la manija, Juan empezó a encontrar sentido a esta situación y hasta se podría decir que le encantó el verse a sí mismo.

Juan seguía disfrutando su nuevo estado nocturno, se dio cuenta que caminar era difícil, e intentó dar pequeños brincos, logrando avanzar un poquito más rápido.

Así que se dijo:

—¿será que me mato si intento un salto más grande y desde una buena altura?

Antes de intentarlo se rió mucho de la situación y pensó:

—No hay nadie conmigo, si me caigo en estos locos intentos, ¿Qué pasará?

Y se sentó a reírse como no lo hacía en mucho tiempo.

Empezó con brinquitos cortos subido en una silla, los primeros intentos lo hicieron caer torpemente contra el piso, pero no sintió nada, cuando ya se estaba dando por vencido, resolvió hacerlo por última vez y alcanzó una distancia de 1,50 m, se sintió un poco mareado y ¡zas! Despertó. Su despertar fue suave, sin sobresaltos solo se dijo:

—Que extraño sueño, divertida fue esa sensación.

En las siguientes noches Juan se dedicó a estudiar en cómo hacer para obligar a su cuerpo a soñar sobre el mismo tema.

Julián y Augustus, notaron un gran cambio en el conflicto presentado en la nueva obra, de la noche a la mañana se calmó, dejándolos muy desconcertados, ante esta nueva perspectiva de cambio, resolvieron aprovechar esta situación para ponerse al día en la documentación de los pocos casos no cerrados, sobre todo los casos de los alias Emiliano y Pacho, un par de cabecillas dedicados a la extorsión y secuestro de personas.

Augustus miraba con extrañeza la sonrisa picarona de su jefe, hasta que no aguantó más y le preguntó le preguntó:

—Jefe, ¿Qué tiene? ¿Por qué esa cara de felicidad?

—Es la misma cara de siempre, no moleste y concéntrese en su tarea de estos casos no cerrados.

—Ya se molestó solo por preguntar, esta insoportable

—Escucho tus murmullos, calla de una buena y santa vez

Fueron muchas las noches en que Juan disfrutó sus intentos de volar, ver como salto a salto aumentaba la distancia recorrida por varios metros y su despertar seguía siendo placentero.

Un buen día, llegó a la obra feliz por sus vuelos nocturnos y ese día, las cosas le estallaron en la cara; ya que, al poner un pie en su puesto de trabajo, empezó una silbatina de todos los trabajadores, quienes protestaban por la llegada del Inspector de Obras, de apellido Manrique, quien buscaba trabajadores ilegales, llegados de países vecinos; El Inspector era un regordete personaje con cachetes colorados, quien con ojo avizor, revisaba y volvió a revisar la documentación de todos y cada uno de los trabajadores, tan solo encontró inconsistencias en dos de ellos, no cumplían con las normas, a los cuales retiro inmediatamente de la obra; nadie fue capaz de abogar por sus compañeros en desgracia… excepto Juan. Para sorpresa de todos, se dirigió al Inspector con tono sereno:

—Inspector Manrique, buenos días; sería tan gentil de informarnos, ¿Cuál es la causa del retiro de nuestros compañeros?

—Eso a usted no le importa, preocúpese por usted mismo sino quiere que lo cite al tribunal por desacato

—Inspector, yo le aconsejo que le baje al tonito, tenemos derecho a saber qué pasa, porque en esta obra no solo hay trabajadores, sino personas y usted parece no darse cuenta y esta es una muy buena razón para unirlos, ¿qué opina?

El Inspector lo miro unos segundos antes de responder.

—Hablando de buena manera las cosas cambian, a esas dos personas las mandé sacar de la obra porque tenían documentos falsos y eso si no se puede permitir, ¿O sí? Supongo que en esta situación estará de acuerdo conmigo ¿O no? —guardó silencio unos instantes y agregó — El acta de lo encontrado, está firmada por el presidente del Sindicato, por los trabajadores implicados y por mi persona —añadió con tono oficial— Pues todo parece en orden.

Cuando se dirigía a su puesto de trabajo, se escuchó por toda la obra, un fuerte aplauso y unos cuantos vítores dirigidos hacia él. Colorado por la situación, resolvió quedarse para compartir con los compañeros que estaban sorprendidos y agradecidos por su intervención.

No todos los momentos en que Juan dormía soñaba que volaba, y eso le producía mucha incertidumbre al despertar. Pero después de muchos intentos, en sus sueños aprendió a volar y a dirigir su vuelo, podía ir hacia arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda o a donde él quisiera ir.

En cada vuelo que realizaba con éxito, se daba cuenta de las necesidades y problemas de su comunidad y estas observaciones las anotaba en su cuaderno de apuntes, los cuales clasificaba y ordenaba por dependencia, bomberos, policía, aseo, etc.

Augustus, estaba desconcertado con la actitud de su jefe, su ánimo cambiaba en el momento menos esperado y no, se sabía el porqué. Así que, optó por seguirle el juego y hacer lo que él le pidiera y tan bien le funcionó, que ese mismo día resolvieron un par de crímenes no resueltos, tras una corazonada de Julián, allí con refuerzos realizaron una redada en los campamentos y efectivamente, lograron capturar a tres delincuentes que habían acabado con la seguridad y tranquilidad del lugar, lo que les valió un agradecimiento de la comunidad.

Julián seguía con su buena racha de casos solucionados, para su propio orgullo y el de su dependencia; estos dos personajes, tan pronto les asignaban un caso, hallaban algunas pistas muy rápido, con una intuición que era la envidia de todos. Pero no todos los admiraban y este grupo de personas, los acusaban de hacer trampa y tener convenios de ayuda con los cabecillas de las mafias del sector, porque solo detenían a los de poca monta y nunca a un jefe, pero con la cabeza en alto Julián les decía:

—Ya caerán, ya caerán.

Con el paso de los días y un poco desconcertado, Juan empezó a darse cuenta de algo extraño, las notas que él deja en su cuaderno, en poco tiempo quedaban solucionadas, causándole gran asombro. Pero había algo más que lo dejaba pensativo, es que no se siente solo cuando vuela en sus sueños; en un par de ocasiones, sintió como si alguien más estuviera volando por donde él estaba.  La noche anterior en su vuelo por la ciudad observo a un par de personajes que intentaban pasar desapercibidos; sin perder tiempo, anotó la ubicación del lugar donde habían entrado y se desentendió de ellos. Se dedicó a buscar a ese alguien que él creía estaba por su ubicación, pero no logró ver nada y al siguiente parpadeo ya se encontraba vistiéndose para ir a trabajar.

Al llegar a la obra, fue recibido por un grupo de compañeros de trabajo quienes le explicaron que desde que él había interactuado con el Inspector Manrique, muchas cosas habían cambiado para el bien de todos y fueron a pedirle que intentara solucionar el problema con los dos grupos de delincuentes, dirigidas por alias Emiliano y Pacho, quienes se disputaban el territorio. Tomó atenta nota de la solicitud y anotó en su cuaderno el requerimiento y se dispuso a ir a su lugar de trabajo.

Mientras tanto, Julián y Augustus, encontraron información que los llevó a un lugar de Osiris, donde estos dos personajes se estaban dividiendo el sector entre ellos, en una rápida acción las autoridades lograron echarles mano, sin que ellos pusieran resistencia al estar muy distraídos con la repartición. Esta operación generó una serie de preguntas en Julián:

—¿Cómo llegamos a esa dirección? ¿Quién y cómo nos está ayudando?

Augustus, comenzaba a dudar de la cordura mental de su jefe, pensaba para sí mismo:

—No lo entiendo, primero reniega porque no teníamos pistas sobre ellos…  y ahora se queja porque si las tenemos. —Y sigue pensando— Realmente perdió la cabeza, ¿Por qué se pregunta todas esas cosas después de haber capturado a ese par de delincuentes?, ¿Quién nos está ayudado?, debe estar loco, no hay otra explicación.

Juan, ya empieza a convencerse que algo sucede en sus vuelos nocturnos y que las visiones que cree ver de una gran ciudad no le parecen ya tan imaginarias. Y también acepta que el gran cambio que ha sufrido su vida, está ligado a sus vuelos nocturnos, por eso está decidido a encontrar a ese ser cuya presencia sentía en el aire.

Durante el día Juan empezó a pensar que tenía dos vidas paralelas. Una por supuesto su mundo real y otra era un mundo donde ocurría todo aquello que en su vida normal parecía imposible. En su momento Juan era inseguro, objeto de burlas, solitario y otras cuantas cosas que lo atormentaban y ahora se sentía respetado e incluso comenzaba a ser visto como un líder.

Así, mientras Juan trataba de dar respuesta a sus inquietudes. Augustus en su mundo, empieza a entender el comportamiento de su jefe y un buen día le dice:

—Jefe, ¿Por qué siempre consulta ese cuaderno cada vez que tenemos un caso?

—Sabes, Augustus… este cuaderno lo he tenido siempre y he encontrado cosas escritas en él, que no recuerdo haberlas anotado.

—¿Pero el cuaderno es suyo?

—Claro, tiene mi letra.

—Hay días que lo noto perdido y ausente, ¿Qué le pasa en esos días?

—En esos días creo que estoy por otros mundos y veo lugares por donde nunca he estado.

 —Julián hace una pausa y añade: —Curiosamente… En esos lugres encontramos pistas para resolver nuestros casos, es como si viviera dos vidas paralelas

—Y ¿Por qué no hace algo loco?

—¿Cómo qué?

—Deje un mensaje escrito pegado en alguna pared, o algo así.

—Julián sonríe y agrega: —Creo que tienes razón y así sabré de una vez por todas que me está pasando.

Aquella noche, de esas noches una, Juan se pudo quedar dormido temprano y logró soñar que volaba, contento con el vuelo y tomando atenta nota de lo que veía, se dio cuenta que había algo en una pared que llamo su atención, leyó su contenido que tan solo decía:

“Sé que estás por aquí, te siento

Juan se sintió aludido, y escribió debajo de ese texto:

Sé que recorremos los mismos lugares, pero no logramos encontrarnos, aquí estaré esperándote”.

Juan, despertó emocionado por ese hallazgo y se propuso volver y quedarse en ese sitio para conocer a ese personaje que lo intrigaba mucho.

Durante muchos de estos vuelos lograron intercambiar historias de sus vidas, hasta que comprendieron algo sorprendente, ellos eran la misma persona, pero viviendo en lugares distintos, decía Juan o eran el mismo ser en mundos paralelos, decía Julián.

Durante muchos vuelos, Juan y Julián intercambiaron información encontrando una cosa en común, Juan todo lo anotaba en un cuaderno y Julián todo lo sacaba de un cuaderno; llegando a la conclusión que era el mismo cuaderno, que les servía tanto al uno como al otro, al uno para plantear problemas y al otro para hallar soluciones. Era el mismo cuaderno… compartido en dos realidades.

Desde ese día todo cambió, Juan prosperó mucho, tanto en su parte laboral como en lo personal y Julián ascendió vertiginosamente en su trabajo, acompañado por su inseparable amigo y subalterno Augustus.

La vida continuó en ambos mundos y de alguna manera la comunicación entre ellos dejó de depender de los sueños, se volvió casi telepática, como si ambos fueran dos conciencias habitando una misma existencia, logrando con ello vivir en un mundo mejor.